
Isolda Morillo, traductora y escritora: «Creo que el primer gesto de quien traduce nace del deseo de compartir.»
- Categorías Actividades culturales
- Fecha 27 de mayo de 2025

Isolda Morillo, fotografía cortesía de Ensayo General
El lunes 2 de junio, a las 19:00 h, el Club de Lectura Léete China vuelve a reunirse en la Biblioteca Eugenio Trías. Esta vez tendremos sobre la mesa el libro Globo y Tharlo, una selección de cinco relatos firmados por el cineasta y escritor tibetano Pema Tseden, escritos entre 1995 y 2018.
No es una cita cualquiera. Por primera vez, los dos clubes madrileños dedicados a la literatura china —Léete China y China entre líneas— cruzan caminos en una sesión conjunta. Y como toda la ciudad entera estará por esos días en estado de lectura febril, quienes lleguen desde la Feria del Libro también están invitados a sumarse.
Contaremos con la presencia de Isolda Morillo, escritora, periodista, poeta y traductora nacida en Perú. Será ella quien nos acerque a Globo y Tharlo (Hermida Editores), libro que conoce bien no solo por haberlo traducido, sino por haberlo leído con la atención de una gran conocedora de la literatura.

-Isolda, ¿cuéntanos cuál es tu historia con el chino? ¿cómo llegaste a convertirte en traductora de esta lengua?
Creo que el primer gesto de quien traduce nace del deseo de compartir. Cuando te encuentras con un texto que te fascina, que te intriga, algo aún velado para muchos, surge esa primera pulsión: la necesidad de traducir. Es una forma de tender un puente, de abrir una puerta hacia algo desconocido. Especialmente con la literatura, ese impulso es casi visceral. Pero para materializarlo no basta con el deseo de traducir. Se necesitan herramientas: el dominio de las lenguas, la técnica, la disposición interior, el tiempo, los recursos. Solo entonces, esa intención puede tomar forma y hacerse acto, hacerse traducción.
«Creo que el primer gesto de quien traduce nace del deseo de compartir.»
Entonces, sí, creo que traducir, ante todo, es un gesto de compartir. Y esa pulsión me acompaña desde muy joven, quizás porque de niña estuve muy cerca de los libros y de la lectura, y también por el recorrido personal y profesional que me ha llevado a vivir en distintos contextos lingüísticos y culturales, incluido China, adonde llegué por primera vez a los diez años con mis padres (aunque aquella estancia fue breve para mí, ya que me fui al cabo de unos años a estudiar a Estados Unidos y luego a Perú).
Creo que mi verdadero conocimiento, tanto del idioma como de la cultura, la historia y la sociedad china, lo adquirí cuando empecé a trabajar en China como periodista. Fue un privilegio poder estar en primera fila y, sobre el terreno, conocer los distintos rincones de ese enorme país y conversar con la gente. Durante esos años, afiancé mi dominio del idioma a través de clases privadas, lecturas, conversaciones con intelectuales, escritores, artistas y mucha gente fascinante. En paralelo, empecé a escribir en chino: poemas, relatos breves. Para mi sorpresa, fueron bien recibidos. Así nacieron bonitas amistades y las primeras invitaciones para traducir al español. Esa confianza es, para mí, el mayor regalo que me dejó China.
Es verdad que esa «pulsión de traducir» se concretó solo hace pocos años, cuando empecé a trabajar de lleno en la traducción de literatura china y, en ocasiones, también en la dirección inversa: del español al chino.
Por otro lado, quiero decir una cosa —que creo haber leído en algún lugar—: cuando traducimos literatura, no traducimos solo un idioma. Yo traduzco a autores y autoras que, por una u otra razón, son importantes para mí, que he «descubierto» y que ahora son parte de mi mundo interior, y que me acompañan.
En cuanto a los aspectos técnicos, es importante conocer bien las herramientas, pero también tener en cuenta esto que acabo de mencionar.
Por eso, he dedicado tiempo y rigor al estudio de las técnicas de la traducción, sin perder de vista la necesidad de un conocimiento más amplio: de la literatura misma, de sus voces, de la lengua a la que doy forma, y de las complejidades que encierra el castellano, por ejemplo.
Todo esto a través de la lectura, siempre la lectura. Algo imprescindible.
«Yo traduzco a autores y autoras que, por una u otra razón, son importantes para mí, que he “descubierto” y que ahora son parte de mi mundo interior, y que me acompañan»
-Para situar a nuestros lectores, ¿quién es Pema Tseden? ¿Cómo llegó a ti y por qué decidiste traducirlo?
Conocí a Pema Tseden durante la premiere de su película Tharlo en un pequeño festival de cine en las afueras de Pekín. Él llegó con sus colaboradores y se mantuvo sentado en silencio en la última fila hasta el final de la proyección, cuando surgió para dar unos breves comentarios en medio de estallidos de aplausos.
Tharlo fue toda una revelación para todos los presentes, entre los que tuve el gran privilegio de encontrarme. Era la primera vez que entraba en contacto con este director, y recuerdo aquella noche porque muchos nos quedamos conversando con él, y él, aunque parco y bastante introvertido, a veces nos hacía algunos comentarios sobre la película y sobre su obra en general.
Son recuerdos muy bonitos, todos estos. No solo porque Pema Tseden falleciera hace dos años, sino porque creo que desde aquí uno no se imagina la vitalidad y la fuerza creativa que existe en China: estos espacios, su gente, la calidad de lo que se produce.
A partir de ese momento, empezó mi acercamiento a este director y escritor tibetano. Yo no conocía su obra literaria, pero sabía que antes de ser cineasta él había sido escritor y que había nacido en la región tibetana en 1969, en Qinghai, en plena Revolución Cultural.
Yo ya había entrevistado a otros escritores tibetanos que escribían en chino, pero la obra de Pema Tseden tenía algo singular, algo bastante personal, moderno, universal, cargado de un imaginario visual que lograba compaginar muy bien elementos de su cultura con los desafíos de la modernidad, y lo hacía con gran humor, sencillez y elegancia.
Su repentino fallecimiento en el 2023 representó una gran pérdida tanto para el cine como para la literatura, y su partida tuvo un notable impacto en los medios chinos.
Pema Tseden creció en una familia de pastores y recibió educación en su lengua materna, principalmente gracias a la influencia de su abuelo. Fue bajo su cuidado, tras la separación de sus padres, que mantuvo un vínculo directo con la tradición oral tibetana, el budismo y las narraciones populares. Este contacto temprano con sus raíces marcó su sensibilidad artística y narrativa.
En los años noventa, durante su etapa universitaria, comenzó a publicar sus primeros cuentos. Aunque desde joven mostró interés por el cine, solo pudo acceder a una formación formal gracias a una beca de la Trace Foundation, que le permitió estudiar dirección en la Academia de Cine de Beijing, donde fue el primer estudiante tibetano admitido. Entre 2002 y 2004 completó sus estudios y, posteriormente, concluyó un posgrado que consolidó su formación académica como cineasta.
Hoy, muchos reconocen a Pema Tseden como el impulsor de lo que ahora se denomina la nueva ola del cine tibetano. Sin embargo, según sus propias palabras, él se consideraba ante todo un escritor antes que cineasta:
«Al escribir, accedemos a una especie de estado supremo, donde cuerpo y mente adoptan un ritmo de lenta maravilla que permite relajarse poco a poco; es entonces cuando podemos penetrar en el mundo interior de los personajes de la historia que deseamos contar.
Siento que en lo más profundo de mí existe un espacio de paz, y como me empeño en preservarlo, continuaré escribiendo los relatos que tanto amo.»
«La obra de Pema Tseden tenía algo singular, algo bastante personal, moderno, universal, cargado de un imaginario visual que lograba compaginar muy bien elementos de su cultura con los desafíos de la modernidad, y lo hacía con gran humor, sencillez y elegancia.»
Tharlo, de Pema Tseden
-En alguna ocasión has comentado que Pema Tseden tiene un estilo narrativo muy cinematográfico. Hoy en día, muchos escritores escriben como si vieran imágenes, en contraste con las novelas clásicas en las que hay más digresiones y reflexiones. ¿Qué lo distingue de otros autores cinematográficos?
Pema Tseden tiene un estilo narrativo que podría definirse como cinematográfico, pero lo que realmente lo distingue de muchos autores contemporáneos que escriben «viendo imágenes» es la profundidad y sobriedad con la que construye su discurso literario. Su obra se inscribe en una modernidad particular, marcada por un sentido estético contenido, un humor discreto y una perspectiva interna tibetana, alejada de cualquier exotización. Aborda temas cotidianos y actuales sin perder su mirada tibetana, restituyendo a los protagonistas de sus relatos plena agencia y voz propia.
A diferencia de las novelas clásicas, que suelen privilegiar la linealidad y la reflexión explícita, y también de otros escritores cinematográficos que enfatizan el ritmo visual o sensorial inmediato, Pema Tseden estructura sus relatos de forma que oscilan entre la apertura y la circularidad, con una riqueza simbólica profundamente arraigada en la tradición oral tibetana, la espiritualidad budista y los mitos locales. Esto le permite crear una poética que desafía los esquemas narrativos convencionales, evitando el énfasis en el clímax dramático y resoluciones conclusivas.
Su estilo evita la explicación explícita y no impone sentidos cerrados, sino que sugiere, abre espacios para una lectura atenta y sensible a las capas que no se revelan inmediatamente, desplegándose en la pausa y en el silencio antes que en la estridencia.
De este modo, aunque su narrativa pueda evocar imágenes, estas no buscan la espectacularidad ni el efecto inmediato, sino que forman parte de una construcción más amplia y compleja donde cada gesto, cada figura, cada leyenda, adquiere una densidad simbólica abierta a múltiples interpretaciones.
De este modo, Pema Tseden aborda temas universales —identidad, modernidad, alienación, memoria, entre otros— desde un lugar que integra lo estético y lo político, lo local y lo global.
En resumen, su estilo cinematográfico no consiste en reproducir imágenes o escenas, sino en construir un espacio narrativo en el que la imagen es parte de una poética del desplazamiento, de la diferencia, lo que lo separa de otros autores que simplemente escriben desde una perspectiva visual.
«Pema Tseden crea una poética que desafía los esquemas narrativos convencionales, evitando el énfasis en el clímax dramático y resoluciones conclusivas.»
– Pema Tseden llevó al cine dos de los cuentos de esta antología, precisamente el que abre y el que la cierra: Globo y Tharlo. ¿Cómo son esas adaptaciones?
Como suele ocurrir con las adaptaciones cinematográficas de obras literarias, siempre existen múltiples diferencias. En el caso de Pema Tseden, quien dirigió y adaptó sus propios textos, esas diferencias también son evidentes. Por ejemplo, en el texto de Tharlo la estructura se acerca bastante a la de un guion, principalmente por la constante presencia de verbos de enunciación que parecen pensados para la puesta en escena. En cambio, Globo se caracteriza por una narrativa más elaborada y mantiene una relación más estrecha con su versión en cine, aunque sin ser una adaptación literal.
En cualquier caso, recomiendo que tanto lectores como espectadores se acerquen a ambas versiones para que puedan construir sus propias interpretaciones, encontrar conexiones y valorar las diferencias y matices que cada formato ofrece.
Trailer de Globo
-El budismo y elementos culturales propios de la etnia tibetana —como el pastoreo o los instrumentos musicales tradicionales— se hacen notar en estos relatos. ¿Podrías situar un poco mejor ese contexto cultural para nuestros lectores?
Sí, por ejemplo, en el cuento Tsering, el trovador errante, que es un cuento bastante triste, que debo confesar que, al leerlo y traducirlo, me conmovió muchísimo. Siento la presencia de algo muy personal en ese relato, por la metáfora que carga el instrumento, el dramyin, un instrumento musical de la región del Himalaya: es un símbolo de identidad, tradición y expresión artística. Ha sido clave en la preservación y transmisión de la música tradicional, llevando en sus melodías historias y leyendas que mantienen viva la memoria cultural.
En este caso, y en el marco del relato, este instrumento, a mi entender, simboliza la tradición, simboliza también una identidad y un ideal que, así como el protagonista del cuento, nunca logra alcanzar; y que la única manera de llegar hasta él es a través de su música, de tocar el dramyin.
– ¿Cómo definirías el humor de Pema Tseden?
Su humor, sutil, oscuro y a menudo absurdo, no aparece en todos sus relatos, pero se vuelve evidente en cuentos como El Forastero y Tharlo. En El Forastero, el protagonista busca sin éxito a una mujer llamada Drolma, en un recorrido que roza lo kafkiano. El cuento juega con la repetición y la espera, construyendo un relato donde lo absurdo se entrelaza con un trasfondo simbólico.
Las 21 formas de Drolma, en el budismo tibetano, encarnan distintos aspectos de la compasión, la protección y la iluminación. Este elemento no es para nada anodino, y Pema Tseden articula ese simbolismo mediante un forastero que recorre una aldea tibetana buscando a distintas Drolmas, dispuesto a pagar por conocerlas. Ese gesto simple —que podría parecer banal o cómico— da pie a una serie de situaciones donde el absurdo se carga de sentido. El resultado es una narración en apariencia ligera, pero abierta a múltiples lecturas.
«El humor de Pema Tseden es sutil, oscuro y a menudo absurdo.»
– Además de traducir desde el chino, te enfrentaste al reto de escribir en un español neutro. ¿Cómo ha sido ese doble esfuerzo?
Dado que el público lector de mis traducciones puede encontrarse en cualquier país hispanohablante —tanto en España como en América Latina—, he optado por adoptar un español neutro. Se trata de una decisión deliberada, orientada a garantizar una mayor accesibilidad y a evitar una sobrecarga de localismos o modismos que puedan restringir la recepción del texto.
Lograr esta neutralidad no es una tarea fácil. La lectura comparada de traducciones, el análisis de las soluciones adoptadas por otros traductores y el estudio de los distintos enfoques traductológicos constituyen herramientas importantes en este proceso. Como la traducción no consiste simplemente en trasladar palabras, sino en trasladar mundos, hacerlo con precisión requiere una atención especial a los contextos culturales tanto de la lengua fuente como de la de destino.
«La traducción no consiste simplemente en trasladar palabras, sino en trasladar mundos, hacerlo con precisión requiere una atención especial a los contextos culturales tanto de la lengua fuente como de la de destino. »
– ¿Qué cuento te resultó más difícil de traducir y por qué?
Cada uno de los relatos planteó sus propios retos, ya sea por su densidad simbólica o por las referencias al budismo tibetano. Por ejemplo, Tharlo supuso una dificultad particular debido a su estructura basada casi exclusivamente en diálogos. A diferencia de otros textos más narrativos, Tharlo se construye a partir de verbos dicendi, frases breves, intercambios rápidos, marcados por el carácter oral y cotidiano del habla de los personajes, habitantes de una aldea tibetana en la provincia de Qinghai. Traducir ese tipo de texto implica un esfuerzo doble: por un lado, mantener la fluidez y la coherencia narrativa; por otro, respetar el tono sobrio, escueto y natural de cada uno de los personajes.
Los diálogos exigen una atención especial: significa dotar a los personajes de una voz creíble en la lengua de llegada, sin traicionar sus particularidades culturales y sociales.
– ¿Tienes algún otro proyecto en curso que esté vinculado con literatura china?
Actualmente estoy trabajando en varios proyectos que están a punto de salir del horno. Entre ellos, una antología de Zheng Xiaoqiong, una de las voces más representativas de la llamada «poesía obrera» en China, basada en su experiencia como trabajadora migrante en fábricas del sur del país.
También preparo la publicación de una selección de poemas de Li Suo, autora que aborda temas relacionados con la condición femenina. Su estilo es intimista y muestra una gran sensibilidad hacia la experiencia cotidiana de la mujer. Su obra forma parte de la nueva poesía china escrita por mujeres, que refleja subjetividades diversas y complejas.
Ambas antologías serán publicadas en España. Además, he empezado a trabajar en otro libro que aún está en una etapa temprana, sobre el cual prefiero no adelantar detalles hasta que el proyecto esté más avanzado.
Etiqueta:club de lectura china
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