
Entrevista a Belén Cuadra, traductora
- Fecha 1 de junio de 2026
- Categorías Actividades culturales, Actividades literarias, Noticias, Portada
Entrevista a Belén Cuadra Mora, traductora de Historias del extrarradio
El 8 de junio, dentro de las actividades de la Feria del Libro de Madrid, esperamos la visita del escritor Xu Zechen, que participará en nuestro club de lectura Léete China para hablar sobre Historias del extrarradio (Automática Editorial) junto a su traductora Belén Cuadra Mora. Como ya es costumbre, antes del evento entrevistamos a la traductora para que nos hable de los desafíos de la traducción, del autor y de su trabajo.

Belén, cuéntanos tu historia con el chino: ¿cómo empezaste a interesarte por el chino hasta llegar a la traducción literaria?
Comencé a estudiar chino hace 26 años, de una forma más bien fortuita. No me lo había planteado como una opción seria, sencillamente me matriculé en una asignatura optativa de chino en la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada, allá por el año 2000, por curiosidad, por probar algo diferente. Aquella decisión que tomé sin pensar demasiado sería luego determinante en mi vida. Me encantó la lengua e intenté cursar todas las asignaturas relacionadas con China que teníamos entonces: literatura, cultura, traducción…, con la suerte de dar con profesores que me animaron y que, sobre todo, despertaron mi interés por todo lo chino. Cuando me licencié, viajé a Pekín para proseguir mis estudios, gracias a una beca, y acabé quedándome quince años. En cuanto a la traducción literaria, me había atraído desde la carrera, sobre todo porque la literatura me encanta y siempre he sido muy lectora. Me dieron la oportunidad de traducir, primero, una obra de teatro y, más tarde, una primera novela, y hasta hoy. He tenido mucha suerte.

Xu Zechen dice que no escribe solo porque una historia sea buena, sino porque contiene una pregunta, una perplejidad. ¿Cuál crees que es la pregunta o preguntas de Historias del extrarradio?
Es una pregunta muy interesante; no me la había planteado nunca en estos términos. Creo que quien mejor podría contestar a esta pregunta es el propio autor, por supuesto. Como lectora, diría que una posible pregunta detrás de estas tramas podría ser: ¿qué lleva a una persona a migrar, a abandonar su hogar e instalarse en un lugar lejano en el que, en ocasiones, acabará llevando una vida, si no precaria, desde luego sí difícil? La primera respuesta, la más directa y sencilla, sería: buscar una vida mejor. Pero más allá de esto, tras los personajes de Historias del extrarradio vemos ilusiones y aspiraciones concretas, algunas más prosaicas, como hacer dinero, y otras muy personales, como el deseo de ver mundo, de experimentar una gran nevada, de escapar de las presiones de la vida adulta, de desarrollar una carrera artística o de encontrarse a uno mismo. Estos relatos nos recuerdan que detrás de las estadísticas, de esa masa enorme de gente que abandona el campo para irse a una gran ciudad, hay personas, cada cual con sus circunstancias, su pasado y sus proyectos.
«Estos relatos nos recuerdan que detrás de las estadísticas, de esa masa enorme de gente que abandona el campo para irse a una gran ciudad, hay personas, cada cual con sus circunstancias, su pasado y sus proyectos.»
Historias del extrarradio es un conjunto de relatos, es una novela o las dos cosas. ¿Sabes por qué el autor eligió esta estructura?
La estructura de este libro me pareció muy interesante desde el principio. Son relatos cortos, y fueron escritos como tales, pero comparten muchos elementos entre todos ellos. Los más obvios son el narrador, los personajes y sus circunstancias, el contexto social y temporal, los espacios físicos… Pero es que, además, hay otros rasgos que nos permiten relacionar unos relatos con otros: temáticas como la camaradería masculina, la tensión entre marcharse y volver (y si se vuelve, en qué condiciones) o la identidad; también el estilo y el tono de las narraciones funcionan como elementos de cohesión. Por todo esto, creo que podemos leer Historias del extrarradio como una novela. Me parece una forma muy bonita de desarrollar tramas y de ir ampliando un universo narrativo. En cuanto a la motivación de esta estructura, el autor ha revelado en alguna entrevista la libertad que le daba este formato. Los relatos están escritos entre 2010 y 2017, y entre medias Xu Zechen ha podido dedicarse a escribir otras obras (incluidas dos novelas monumentales, Jerusalén y Al norte, que le han valido muchos premios), mientras retomaba o dejaba a un lado estas historias. En todo caso, creo que es una pregunta que tendremos oportunidad de hacer al propio autor en el próximo encuentro del club de lectura Léete China.
Los personajes de este extrarradio son neurasténicos corren para curarse y tienen pesadillas con monos, producen a ratos tristeza y a ratos ternura. ¿Qué sensaciones te producía este grupo de jóvenes mientras traducías?
Sin duda ternura, interés y empatía. Las tramas son atractivas, tienen gancho, giros de guion, reflexiones inesperadas y, a veces, una ironía muy fina que convierten a Historias del extrarradio en una lectura muy entretenida. Pero yo destacaría sobre todo a los personajes, algunos excéntricos, otros más convencionales, pero todos ellos bien construidos, con una gran profundidad, con sus aristas… Me parecen de una gran humanidad. No sé si será porque la traducción, al final, hace que vivas los textos de una manera muy cercana e intensa, pero algunos de los personajes de los relatos (el narrador Muyu, su amigo Baolai, Tianxiu, que recorre ciudades en bicicleta, o Huicong, que malvive a la espera de ver caer una gran nevada por primera vez en su vida…) son de los que se quedan con una cuando acaba la lectura (o la traducción).
¿Puedes contarles a nuestros lectores qué es la calle Hua en el universo narrativo de Xu Zechen?
La calle Hua (Hua jie, en chino, que, de traducirlo, sería algo así como calle de la Flor o de las Flores) es la patria literaria de Xu Zechen. Algo así como el Macondo de Gabriel García Márquez o la Mágina de Antonio Muñoz Molina. Referentes parecidos en literatura china serían el Gaomi de Mo Yan, los montes Balou de Yan Lianke o la calle de la Caoba de Su Tong. No tenemos muchos datos exactos, aunque sabemos que está en el sur, en una región de ríos y canales, y que viene a representar la tierra natal del autor y sus recuerdos de infancia. Es un escenario social y cultural, que aparece en diferentes obras de Xu Zechen.
¿Y la azotea? Ese espacio donde Muyu y sus amigos juegan a las cartas y observan el mundo.
La azotea es otro de los elementos que cohesionan los relatos: un espacio de libertad y de ocio, el lugar en el que los jóvenes protagonistas se reúnen para jugar a las cartas y mirar a las chicas del barrio, pero también para hablar de sus sueños y hacer sus propios castillos en el aire. Como espacio de tranquilidad y sosiego, es el lugar al que el protagonista escapa para encontrar cierta serenidad. Ya en el primer relato, el narrador explica cómo le gusta subirse a lugares altos cuando le dan jaquecas, porque en ellos se siente mejor. Pero también nos dirá que, en lo alto de la azotea, entiende mejor lo que lee (mejor que cuando estaba en un aula, aclara). Desde mi punto de vista, la azotea funciona también como un espacio intermedio, físico, por supuesto, pero también emocional, entre el suelo y sus miserias, y los altos e idealizados edificios de la ciudad, que los personajes ven a lo lejos y que, muchas veces, se nos describen a vista de pájaro. En Historias del extrarradio, lo aspiracional está en lugares literalmente elevados.
«Desde mi punto de vista, la azotea funciona también como un espacio intermedio, físico, por supuesto, pero también emocional, entre el suelo y sus miserias, y los altos e idealizados edificios de la ciudad, que los personajes ven a lo lejos y que, muchas veces, se nos describen a vista de pájaro. En Historias del extrarradio, lo aspiracional está en lugares literalmente elevados.»
El libro incluye notas a pie de página. A nosotros nos encantan las notas, pero en narrativa no son lo más habitual. ¿Cómo convenciste a Automática para incluirlas y dónde está, para ti, el límite entre ayudar al lector e interrumpir la lectura?
Automática me ha animado siempre a incluir notas, más incluso de las que yo suelo poner en un primer borrador. Las notas son un recurso habitual en muchas de las obras que edita este sello editorial, dedicada sobre todo a publicar literatura de geografías que, en principio, nos son más lejanas. Las notas a pie de página pueden distraer solo en la medida en la que el lector desea detener su lectura y prestarles atención. Mi experiencia, después de haber participado en algunos clubes de lectura desde hace algunos años, es que suelen ser bienvenidas. Sara Rovira e Irene Tor-Carroggio, investigadoras de la Universidad Autónoma de Barcelona, publicaron hace unos años un estudio de caso a partir de una obra china en el que también constataban que los lectores se mostraban de acuerdo con su inclusión. Bien es cierto que los lectores tienen a su mano muchos recursos para buscar una referencia, por ejemplo, cuando se cita el nombre de un cantante famoso o de un plato de la gastronomía china, pero tal vez le sea más complicado discernir las connotaciones en un pasaje de una determinada festividad, o el significado del sonido de los silbatos de las palomas en Pekín, por citar un ejemplo. Yo solía ser más reacia a ponerlas, ya que no suele ser un recurso muy valorado las clases de traducción, pero con el tiempo y la experiencia me he dado cuenta de que pueden servir para aportar información relevante y explicar matices sin intervenir más de lo necesario en el texto original.
¿Cómo fue el proceso de traducción? ¿Tuviste ocasión de intercambiar dudas o ideas con el propio Xu Zechen?
Intenté no molestarlo demasiado, pero sí, recurrí a él para algún detalle que no pude solucionar por otra vía. En este caso, además, conté con la ayuda de dos profesoras chinas que me ayudaron a revisar el texto una vez traducido, y que me ayudaron a entender algunas referencias y giros. Bu Shan, hispanista de la Universidad de Pekín, directora del Instituto Confucio de Granada y traductora de literatura española al chino (entre otros autores, de Lorca), se sentó conmigo una mañana para aclarar todas las dudas que fui marcando mientras traducía. Shi Qing, hispanista de la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín, me explicó expresiones del habla pequinesa que no había oído nunca. Sin ellas, mi traducción habría sido peor.
Has traducido también a Yan Lianke, un autor de registro muy distinto. ¿Qué diferencias encuentras entre los dos a la hora de ponerte a traducir?
Son, en efecto, escritores muy diferentes, con estilos y temáticas muy distintos. En general, diría que traducir a Yan Lianke me ha requerido siempre un esfuerzo considerable: todos sus libros son muy diferentes, su prosa es compleja y, a veces, densa, e incluye referentes con los que, en ocasiones, estoy menos familiarizada. La novela, en especial si es voluminosa, requiere en general un mayor esfuerzo que el relato. Las revisiones son más pesadas y los cambios o correcciones que vas introduciendo afectan a muchas páginas, anteriores y posteriores. El relato, por la propia envergadura de proyecto, es mucho más ágil de traducir. Por otra parte, Historias del extrarradio está escrito en un estilo claro y transparente, lo que no quita que dé muestras de una sensibilidad, en mi opinión, preciosa, y la «traducibilidad», si se me permite el término, es más directa, pese a que también me ha planteado dificultades (relacionadas, por ejemplo, con la oralidad del texto). Además, describe un Pekín y un tiempo que me son más que familiares. Los personajes me resultan cercanos y tengo un recuerdo casi fotográfico de los lugares por los que van pasando. Traducir estos relatos ha tenido mucho de viaje nostálgico a un momento y un lugar que han sido muy importantes en mi vida.
¿Has notado en los últimos años un aumento de traducciones de literatura china al español? ¿Estamos llegando a lectores nuevos o seguimos en un círculo reducido?
La traducción de literatura china y sinófona ocupa un espacio todavía muy discreto dentro de la literatura que se traduce en España. Pero lo cierto es que este espacio es cada vez más amplio. No es una cuestión de percepción, tenemos datos científicos que lo demuestran. Gracias a colegas de la Universidad Autónoma de Barcelona, que llevan años desarrollando una base de datos de la literatura española que se traduce en España (un recurso fantástico que está disponible en abierto y que nos permite seguir qué se ha hecho y qué se está haciendo), sabemos que existe un aumento de obras traducidas con respecto a décadas anteriores. Además, cada vez tenemos más variedad de géneros y autores, algunos orientados a lectores jóvenes, quizás menos inclinados, podríamos pensar en un principio, a leer los géneros que más se traducían hace unas décadas (pensamiento y poesía). En la actualidad, en España podemos leer literatura china infantil, cómics, ciencia ficción, novela negra, memorias, ensayo de viajes, etc. Esto nos puede llevar a pensar que existe un público objetivo y potencial más amplio. Por otra parte, y este es un dato muy revelador, se ha constatado que cada vez son más las traducciones directas del chino (frente a traducciones mediadas, a través del inglés o del francés), lo que constituye un cambio cualitativo en el sector, y que además de a castellano, se están vertiendo obras a otras lenguas oficiales, en espacial al catalán. No sabría decir si hay un mayor interés editorial, porque no manejo esos datos, pero lo que sí es claro es que en la actualidad contamos con instituciones e iniciativas que están fomentando la lectura de literatura china y acercándola a un público cada vez más amplio. Queda muchísimo por hacer, no cabe duda, pero la tendencia es positiva y yo soy optimista.
Léete China · 8 de junio | 19:00–20:30 h
Biblioteca Eugenio Trías (Parque del Retiro, Madrid) — Casa de Fieras- – ver en Google Maps
Acceso libre hasta completar aforo
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